Lo mejor del cine es lo fácil y
entretenido que resulta poner atención en una sola cosa que no sea dormir durante
dos horas, más o menos. Es bien sabido que hay notables diferencias entre ver
una película en casa y verla en una sala de cine, además del tamaño de la
pantalla: en casa suena el teléfono, tocan el timbre, llega alguien y pregunta
qué película es, el perro quiere entrar a la sala, alguien se levanta al baño y
dice “No le pongan pausa, regreso rápido” y cuando regresa después de media hora pregunta qué pasó y
hay que ponerle pausa para contarle o regresar la película para que vea lo que
se perdió.
La sala de cine brinda esta
oportunidad de concentración porque nunca le ponen pausa a la película aunque
uno se levante al baño, no hay teléfonos, ni personas inoportunas ni timbres ni
puertas que se abran.
Todo eso, claro está, en un mundo
ideal. Que tampoco está en México.
Aquí, como en las salas de cine
del siglo XXI de la mayor parte del mundo, aunque no le pongan pausa a la
película, siempre habrá algún amable espectador (normalmente sentado cerca de
uno) que explique a su acompañante lo que sucedió en su ausencia sanitaria y lo
hará en voz alta porque quién me lo va a
impedir. “No hay teléfonos” es casi un absurdo; tristemente no he asistido
a una función en los últimos tres o cuatro años en la que no suene un celular
en algún momento de la película.
Esas interrupciones molestan
tanto que provocan ir al baño y entonces incurre uno en el otro pecado capital
de las salas de cine. Es un círculo vicioso.
¿Puertas? Siempre hay quien llega tarde y
TIENE QUE pasar porque ya compró su boleto; en el siglo XXI, el haber gastado $50
nos da ciertos poderes.
Quizás el premio se lo llevan los
que se la pasan preguntando datos sobre lo que ocurre en la película a su
acompañante como si estuviera viendo y escuchando algo más que el resto de los
espectadores, o como si hubiera escrito el guión. “¿Y ese quién es?” “¿ya la
conocía?” “¡¿pero por qué lo mató?!” Para todas esas preguntas hay dos
posibilidades: o ya la respondió la película o no la ha respondido. En ningún
caso sabrá algo el acompañante que nosotros no sepamos. Al menos, claro, que
nos hayamos levantado al baño.
Esto me hace pensar que quizá eso
de “Lo mejor del cine puede ser lo fácil y entretenido que resulta poner
atención en una sola cosa durante dos horas más o menos” sea una tontería, a lo
mejor no podemos hacer nada con facilidad durante dos horas seguidas además de
dormir. Como sea, “ver una película” queda tachado de la lista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario